La Historia del Árbol Feo
Por sus frutos los conoceréis
El árbol se conoce por el fruto que da, bueno o malo. Ahora bien, ¿sabemos distinguir el árbol bueno del árbol malo, el que da buen fruto del que da mal fruto?
En un bosque había diversidad de árboles. Árboles bellos, hermosos, con hojas verdes y frutos apetecibles a la vista. Árboles grandes, altos, robustos. Orgullo de árboles.
Y entre tantos árboles había uno pequeño, lleno de ramas alrededor de su pie, y de ramas enmarañadas en su copa. Su tronco era torcido, oscuro y nada vistoso. Su fruto era pequeño y amargaba tanto que era totalmente incomestible.
Un día, un hombre que paseaba por aquél bosque, reparó en aquel árbol feo. Y pensó: “este árbol tiene muchas ramas en su pie que de nada le sirven, pues no llevan fruto”. Y las cortó e hizo leña de ellas para calentarse y cocinar en su hogar. Volvió al árbol feo y cortó todas las ramas enmarañadas y dejó sólo las que tenían fruto. Hizo leña también de aquellas ramas y las llevó a su hogar. Otro día volvió y le cortó algunas de las ramas más gruesas, de las que salían otras ramas más pequeñas, pero que llevaban muy poco fruto, e hizo carbón con ellas.
Después de esto fue a probar el fruto y le supo amargo, incomestible. Lo exprimió a ver cómo era el jugo. Lo dejó reposar y vio que debajo se asentaba como agua y arriba quedaba la parte viscosa. Probó la parte viscosa y le supo sabrosa, pero la parte que era como agua era amarga. Guardó la parte buena y tiró la mala.
Luego miró de qué manera podía aprovechar el fruto sin exprimirlo y logró aderezarlo de tal manera que el fruto se volvía apetitoso, anulando el efecto de aquél agua amarga que formaba parte de su jugo. Y aquel árbol, limpio de ramas inútiles, creció y su fruto se multiplicó dando una gran cosecha. Ya no era aquel árbol feo, sino que vino a ser un árbol bello, hermoso y lleno de fruto apetecible. Bajo la buena mano de aquél hombre, dio fruto en abundancia, leña para calentar y cocinar en el hogar y fue de mucho beneficio, de tal manera que taló aquel bosque y sembró en su lugar árboles como este “árbol feo”.
En Lucas 6:43–45, el Señor Jesús compara al hombre con los árboles: los hay buenos y malos, según el fruto que dan. Mi pregunta es: ¿sabemos distinguir el árbol bueno del árbol malo? ¿Sabemos distinguir a la persona que hace bien de la que hace mal? ¿Hay personas que parecen malas, pero que bien tratadas son buenas, y personas que parecen buenas y su fin es hacer mal? De todo hay, y hay que saber distinguir con la ayuda del Espíritu Santo, porque por nosotros mismos, ¡Cuántas veces nos equivocamos!
Aquel hombre sabio supo sacar mucho provecho del “árbol feo”, y le puso por nombre: olivo, a su fruto aceituna, y al jugo aceite”.